"Cartas de mi vecino"

Fui a la comisaría tan pronto dejé de recibir las cartas que día con día llegaban a mi buzón. Planeé decirle que dejara de contarme sus problemas desde la primera carta que recibí, pero se volvió adictivo; comencé a ver la vida de las personas como un cuento, una simple historia contada en dos páginas blancas con tinta negra. Bajaba todas las mañanas al frente de mi casa para recoger el correo sin percatarme de que es lo que estaba sucediendo a mi alrededor. 

Dije que sería alguien feliz y cuando estaba dispuesto a ver a mi vecino a la cara para pedirle que dejara de enviar esas cartas fue cuando lo vi caminar encorvado, ya desganado, con poca necesidad de moverse, pero siempre con ese lujo que parecía estorbarle, tanto dinero que parecía repudiar, hasta la mínima moneda. Calmé mis ansias y comencé a leer sus cartas día tras día, dedicando el tiempo suficiente como para llegar a entender lo que él estaba viviendo.

Cada día era algo distinto, sus delirios me volvían paranoico, pero siempre terminaba entendiendo su lucidez. Pase de ser una persona común a ser un hombre inmoral el día que su mujer lo dejo para vivir conmigo...

Hoy en día sigo creyendo que la razón de sus cartas era hablar con esa mujer. Después de un tiempo ella dejo caer una copa en la cocina y acto siguiente se desplomó cuál hoja seca de un árbol viejo, a pesar de su joven apariencia ya los años estaban sobre ella y fue por eso por lo que decidió alejarse de mi vecino, prefirió hacerlo sufrir por abandono que por perdida...

Las cartas no cesaban hasta que pasados los años en una tarde de otoño blanquecina tuve la necesidad de releer las cartas que mi vecino había enviado, fue tal mi sorpresa cuando encontré la caja donde las había guardado ya que nunca quise que la mujer las leyera... Si, fui un hombre malo, y como aquella vez que lo vi junto con la mujer me repetí a mí mismo las palabras que tanto pueden molestar a alguien solo... "Los cuentos de hadas no son reales" o eso era lo que yo recordaba haber dicho.

Desperté a la mañana siguiente en el suelo de mi cocina recostado sobre todas las cartas y entre ellas había algo que no había visto antes, había una llave azul con detalles cromados en forma de luna, después de contemplarla con la luz del sol entrando por mi ventana, en un arrebato de rabia interna corrí hacia la puerta principal de mi casa, tropezando con la alfombra y cayendo sobre el césped de mi jardín llenándome la cara de maleza que había crecido, cosa que sin saber cómo sucedió eso sí, yo siempre podaba el jardín. Caminé por la acera lo más calmado posible con la llave en la mano hasta verme frente a la casa de mi vecino, me acerqué y este tenía mucho correo sin recibir, llegué hasta la puerta y me pregunté qué es lo que había pasado con él, por qué sus cosas estaban tan desordenadas. Toque la puerta a sabiendas de que tal vez no me abriría nadie y aun así para asombro mio, salió el viejo y dijo:

- ¿Que quiere una rata de ciudad con un viejo lobo gris como yo?

A lo que le contesté:

- ¿En las cartas que usted mando había una llave con detalles en forma de luna?

El asintió con la cabeza y solo dijo:

-No te ahogues en un vaso de agua.

Después de eso cerró la puerta y por más que insistí nunca me volvió a abrir. Así al día siguiente lo vi por la ventana tratando de sacar unas bolsas de basura, sin embargo, desistió y las dejo a medio patio trasero.

Volví a mis asuntos después de eso y aunque seguían llegando cartas no volví a leer ninguna hasta aquel día, ¿Que era aquello que sucedía?,¿Que era aquello que no cuadraba en esa mañana? Me pregunté molesto, fue justo cuando al ir a recoger el correo no había ninguna carta suya, volví dentro de mi casa a buscar la llave, después de varios minutos la encontré y salí corriendo hasta la puerta principal de su casa, nadie habría... Desistí por un momento, pero tal vez no era tarde, como no tenía celular corrí hasta comisaría que se encontraba a unas cuantas cuadras, volví la mirada atrás un par de veces pero nada cambiaba, nadie salía de esa casa...

Pasaron las horas desde que di aviso en comisaría y poco después me dijeron que el anciano con olor a tequila viejo se había quedado dormido he intoxicado con el humo de un habano caducado... Deje de recibir cartas, deje de ver a las personas por la ventana y fue ahí cuando la vida volvió a tomar sentido... A veces me preguntó si habríamos podido ser buenos amigos... un hombre viejo y cascarrabias que vivía a mi lado, Corso se llamaba... el no parecía ser feliz, y tal vez eso es por lo que era diferente... Después de todo, él era mi padre...

 

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